Mansfield Park
Mansfield Park —El sermón bien pronunciado es más raro aún que las oraciones bien leÃdas. No es raro que un sermón sea bueno en sà mismo. Es más difÃcil hablar bien que componer bien; o sea, las normas y recursos de la composición se estudian más a menudo. Un sermón bueno, bien pronunciado, es un placer excepcional. Yo no puedo oÃrlo sin la mayor admiración y respeto, y casi con ganas de ordenarme y predicar yo también. Hay algo en la elocuencia del púlpito, cuando es elocuencia de verdad, que es digna de la mayor alabanza y honor. El predicador que sabe conmover y llegar a una masa heterogénea de oyentes hablando de temas limitados y gastados de tanto repetirse en manos vulgares, que es capaz de decir algo nuevo o sorprendente, algo que llama la atención sin ofender el gusto o agotar los sentimientos de sus oyentes, es un hombre al que no se honrará lo suficiente, en lo que toca a su calidad pública. A mà me encantarÃa ser un hombre asÃ.
Edmund se echó a reÃr.