Mansfield Park
Mansfield Park Fanny, entretanto, enfadada consigo misma por no haber sabido estar inmóvil igual que había estado callada, y nerviosa al ver la maniobra de Edmund, trató de rechazar al señor Crawford con todos los medios de que disponía su naturaleza amable y modesta, y evitar sus miradas y preguntas mientras él, incansable, insistía en ambas cosas.
—¿Qué ha querido decir con ese movimiento de cabeza? —dijo—. ¿Qué ha querido expresar? Desaprobación, me temo. Pero ¿por qué? ¿Qué he dicho que le ha desagradado? ¿Piensa que he hablado con incorrección? ¿Con ligereza o irreverencia hacia la materia? Le ruego que me lo diga, si es así. Dígame si estoy equivocado. Quiero enmendarme. No, no; por favor. Olvide la labor un momento: ¿qué ha querido decir?
En vano repitió ella por dos veces: «Por favor, señor, no insista; por favor, señor Crawford»; y en vano intentó apartarse. Él siguió con la misma voz baja y ansiosa, guardando la misma proximidad, insistiendo con las mismas preguntas. Fanny estaba cada vez más molesta y nerviosa.
—¿Por qué insiste, señor? Me sorprende usted… No comprendo cómo puede…