Mansfield Park
Mansfield Park —¿Que la sorprendo? —dijo—. ¿Que la asombro? ¿Hay algo en mi ruego que no comprende? Ahora mismo voy a explicarle lo que me mueve a insistirle de esta manera, lo que hace que sienta interés por todo lo que usted mira y hace, y despierta ahora mi curiosidad. No dejaré que siga asombrada mucho tiempo.
A pesar de sà misma, no pudo evitar una leve sonrisa; pero no dijo nada.
—Ha meneado la cabeza al oÃrme reconocer que no me gustarÃa comprometerme a cumplir las obligaciones de un sacerdote con constancia. SÃ, ésa ha sido la palabra: ¡constancia! No me da miedo ese término. Lo deletreo, lo leo y lo escribo como cualquiera. No veo en él nada alarmante. ¿Cree usted que deberÃa?
—Tal vez, señor —dijo Fanny, decidiendo hablar al fin por cansancio—, tal vez he pensado que es una pena que no se conozca usted siempre tan bien como parecÃa conocerse hace un momento.