Mansfield Park
Mansfield Park Estaba en casa. Pero, ¡ay!, no era el hogar, ni había tenido el recibimiento que… se contuvo; no era razonable. ¿Qué derecho tenía a ser importante para su familia? Ninguno, ¡hacía demasiado tiempo que la habían perdido de vista! Los asuntos de William debían ser los más caros… siempre lo habían sido… y con todo derecho. Sin embargo, que le hubiesen contado o preguntado tan poco acerca de ella… ¡Ni siquiera le habían hecho una pregunta sobre Mansfield! Le dolía que se hubieran olvidado de Mansfield, de los amigos que tanto habían hecho… ¡los queridos, los queridísimos amigos! Pero éste era un tema que anulaba todos los demás. Quizá debía ser así. Ahora el interés preferente debía ser el destino de la Thrush. Dentro de un día o dos cambiaría la situación. La culpa era sólo de ella. Sin embargo, pensó que en Mansfield no habría ocurrido esto. No; en casa de su tío habría habido una consideración a la oportunidad y al momento, un orden de preferencia en los asuntos, una corrección, una muestra de interés por todos los que no estaban presentes.
La única interrupción que sufrieron estos pensamientos en casi media hora fue la súbita explosión de los de su padre, de ningún modo apropiada para sosegarlos. Ante una barahúnda de golpes y gritos en el pasillo más ruidosa de lo normal, exclamó: