Mansfield Park
Mansfield Park —SÃ. Cuando me da usted su opinión, siempre sé qué es lo justo. Su criterio es mi medida de lo justo.
—¡Ah, no! No hable asÃ. Todos tenemos una guÃa en nuestro interior, si queremos escucharla, mejor que la que ninguna persona nos puede proporcionar. Adiós; le deseo un viaje agradable, mañana.
—¿No hay nada que pueda hacer por usted en la capital?
—Nada. Se lo agradezco mucho.
—¿No tiene ningún mensaje para nadie?
—Dele recuerdos a su hermana; y cuando vea a mi primo… a mi primo Edmund, dÃgale, por favor, que… espero tener pronto noticias de él.
—Desde luego; y si es perezoso o dejado, puede que le escriba yo para excusarle…
No pudo decir más, porque Fanny no se dejó entretener más. El señor Crawford le estrechó la mano, la miró, y se fue. Se fue a pasar las tres horas siguientes lo mejor que podÃa con su conocido, hasta que la cena que servÃan en cierta excelente posada estuviera a punto para disfrutar de ella, mientras Fanny se disponÃa a dar cuenta inmediatamente de la suya más sencilla.