Mansfield Park

Mansfield Park

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Los sentimientos de Fanny, en esta ocasión, fueron considerablemente más cálidos y sinceros que el estilo de su tía. Compadecía a todos. Tom peligrosamente enfermo, Edmund corriendo a estar con él, y el reducido grupo de la familia angustiado en Mansfield, eran inquietudes que no dejaban cabida a ninguna o casi ninguna otra. Encontró egoísmo suficiente para preguntarse si Edmund habría escrito a la señorita Crawford antes de que llegara esa llamada; pero ningún sentimiento que no fuera el puramente afectuoso y desinteresadamente inquieto perduró mucho en ella. Su tía no la olvidaba; le escribía una y otra vez: estaban recibiendo frecuentes noticias de Edmund, noticias que lady Bertram transmitía a Fanny con idéntica regularidad, en el mismo estilo difuso y la misma mezcla de confianzas, esperanzas y temores, produciéndose y sucediéndose unas a otras al tuntún. Era como si jugara a estar asustada. Para lady Bertram, los sufrimientos que no se veían tenían poco poder sobre la imaginación; y escribía con toda tranquilidad sobre la angustia y la ansiedad, y los desventurados enfermos, hasta que Tom llegó efectivamente a Mansfield, y sus propios ojos vieron su aspecto demacrado. Entonces terminó la carta que había estado escribiendo a Fanny en un estilo muy diferente, con expresiones de verdadera preocupación y alarma; entonces escribió como podía haber hablado: «Acaba de llegar, mi querida Fanny, y le han subido a su aposento; y me he sobresaltado tanto al verle que no sé ni lo que hago. Estoy convencida de que ha estado muy enfermo. Pobre Tom, me siento muy angustiada por él, y muy asustada; y lo mismo le ocurre a sir Thomas. Cuánto me gustaría que estuvieras aquí para consolarme. Pero sir Thomas espera que se encuentre mejor mañana, y dice que debemos tener en cuenta el viaje que ha hecho».


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