Mansfield Park
Mansfield Park —¡Válgame Dios! Déjale que corra su suerte, y que le engañen. De todos modos ocurrirá. Todo el mundo es engañado tarde o temprano.
—En el matrimonio, no siempre, Mary.
—Sobre todo en el matrimonio. Con el debido respeto a los que ahora van a casarse, mi querida señora Grant, no hay uno entre cien, de uno u otro sexo, que no salga engañado en el matrimonio. Dondequiera que mire, veo que es asÃ; y me doy cuenta de que tiene que ser asà cuando pienso que es, de todas las transacciones, aquélla en la que cada uno espera más del otro, y en la que uno mismo es menos honrado.
—¡Ah! ¡Has tenido una mala escuela para el matrimonio, en Hill Street!
—Desde luego, mi pobre tÃa tuvo pocos motivos para que le gustara el matrimonio; sin embargo, desde mi punto de vista, es cuestión de maniobrar. Conozco a muchos que se han casado con toda la esperanza y la confianza puestas en una ventaja particular, o en los méritos o cualidades de la persona, y luego se han sentido totalmente defraudados, ¡y se han tenido que conformar con lo contrario! ¿Qué es eso, sino ser engañados?