Mansfield Park

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Y era tal la confianza de Fanny en sus palabras que durante cinco minutos creyó que habían terminado. Luego, no obstante, volvió a lo mismo, o casi, y fue nada menos que lady Bertram la que, al despertarse del todo, puso punto final a la conversación. Hasta que no sucedió eso, siguieron hablando de la señorita Crawford, de cómo le había cautivado, y lo encantadora que la había hecho la naturaleza, y cuán excelente habría sido, de haber caído antes en buenas manos. Fanny, ahora en libertad para hablar con franqueza, se creyó más que justificada para añadir, a lo que él sabía del carácter de la señorita Crawford, alguna alusión sobre cuánto podía tener que ver el estado de salud de su hermano con el deseo que había mostrado de una completa reconciliación. No fue una insinuación agradable para él. Su naturaleza se negó a aceptarla durante un rato. Habría sido inmensamente más grato creer su amor desinteresado; pero su vanidad no era lo bastante fuerte para resistir mucho tiempo a la razón. Tuvo que rendirse, y reconocer que la enfermedad de Tom había influido en ella, reservándose para sí el pensamiento consolador de que, habida cuenta la multitud de impedimentos que había tenido ella en sus propios hábitos, le había querido más de lo que podría haberse esperado; y de que por él había estado más cerca de vivir rectamente. Fanny pensaba lo mismo. Y también coincidieron en que tal desengaño había imprimido en el espíritu de él un efecto duradero y una huella imborrable. El tiempo mitigaría indudablemente su dolor; pero era una clase de experiencia que nunca lograría superar del todo; y en cuanto a conocer alguna vez a una mujer que pudiese… era demasiado imposible para mencionarlo, si no era con indignación. La amistad de Fanny era lo único que tenía para agarrarse.


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