Mansfield Park
Mansfield Park Tom Bertram, efectivamente, tenÃa que causar buena impresión; era de esos jóvenes que caen bien por lo general; su simpatÃa era de las que a menudo resultan más atractivas que algunas cualidades de carácter superior; porque tenÃa unos modales corteses, un humor excelente, amplias amistades y muchas cosas que contar; a lo que no venÃa mal su derecho de sucesión al tÃtulo de baronet. Y no tardó la señorita Crawford en comprender que podÃan convenirle tanto él como su posición. Estudió el caso con el debido detenimiento, y lo encontró casi todo a su favor: un parque —un parque de verdad, de más de doce kilómetros cuadrados—; una casa amplia, de construcción moderna, muy bien situada y resguardada, que merecÃa figurar en la colección de grabados de cualquier caballero del reino y a la que sólo faltaba para estar completa que la amueblaran de nuevo; unas hermanas agradables, una madre callada, y él mismo un hombre simpático, con la ventaja de haber dejado el juego por una promesa a su padre, y de convertirse en sir Thomas en el futuro. PodÃa venirle muy bien; pensó que debÃa aceptarle. Y asÃ, empezó a interesarse un poco por su caballo, que iba a correr en las carreras de B…