Mansfield Park
Mansfield Park Los Crawford, sin querer que les curasen, se mostraron deseosos de quedarse: Mary se alegraba de tener la casa parroquial como su actual hogar, y Henry estaba dispuesto también a prolongar su visita. Había ido con idea de pasar sólo unos días con ellos, pero Mansfield prometía mucho, y no había nada que le reclamase en otra parte. La señora Grant se alegraba de tenerles, y el doctor Grant estaba contentísimo de que así fuera: una joven bonita y conservadora como la señorita Crawford es siempre una grata compañía para un hombre indolente y casero; y tener al señor Crawford como invitado era un buen pretexto para beber clarete todos los días.
La admiración que las señoritas Bertram sentían por el señor Crawford era más encendida, probablemente, de lo que la señorita Crawford había calculado por costumbre. Reconocía, sin embargo, que los hermanos Bertram eran muy guapos, que no era frecuente ver juntos a dos jóvenes así ni siquiera en Londres, y que sus modales, sobre todo los del mayor, eran muy buenos. Había estado mucho en Londres, tenía más desenvoltura y galantería que Edmund, y por tanto debía ser preferido; y a decir verdad, el hecho de que fuera el mayor añadía otro poderoso incentivo. Había tenido un temprano presentimiento de que le iba a gustar más el mayor. Sabía que era ésa su dirección.