Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio Ningún otro proyecto podÃa serle a Elizabeth tan agradable. Aceptó la invitación al instante, sumamente agradecida.
―Querida, queridÃsima tÃa exclamó con entusiasmo―, ¡qué delicia!, ¡qué felicidad! Me haces revivir, esto me da fuerzas. ¡Adiós al desengaño y al rencor! ¿Qué son los hombres al lado de las rocas y de las montañas? ¡Oh, qué horas de evasión pasaremos! Y al regresar no seremos como esos viajeros que no son capaces de dar una idea exacta de nada. Nosotros sabremos adónde hemos ido, y recordaremos lo que hayamos visto. Los lagos, los rÃos y las montañas no estarán confundidos en nuestra memoria, ni cuando queramos describir un paisaje determinado nos pondremos a discutir sobre su relativa situación. ¡Que nuestras primeras efusiones no sean como las de la mayorÃa de los viajeros!