Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Marianne se dio vuelta en un estado de gran turbación. La señora Jennings rió de buena gana; y Elinor descubrió que en su insistencia por saber dónde habían estado, llegó a hacer que su propia sirvienta interrogara al mozo del señor Willoughby, y que por esa vía supo que habían ido a Allenham y pasado un buen rato paseando por el jardín y recorriendo la casa.
A Elinor se le hacía difícil creer que ello fuera cierto, ya que parecía tan improbable que Willoughby propusiera, o Marianne aceptara, entrar en la casa mientras la señora Smith, a quien Marianne nunca había sido presentada, se encontraba allí.
Tan pronto abandonaron el comedor, Elinor le preguntó sobre lo ocurrido; y grande fue su sorpresa al descubrir que cada una de las circunstancias que había relatado la señora Jennings era completamente cierta. Marianne se mostró bastante enojada con su hermana por haberlo dudado.
—¿Por qué habías de pensar, Elinor, que no fuimos allá o que no vimos la casa? ¿Acaso no es eso lo que a menudo has querido hacer tú misma?
—Sí, Marianne, pero yo no iría mientras la señora Smith estuviera allí, y sin otra compañía que el señor Willoughby.