Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —El señor Willoughby, sin embargo, es la única persona que puede tener derecho a mostrar esa casa; y como fue en un carruaje descubierto, era imposible tener otro acompañante. Jamás he pasado una mañana tan agradable en toda mi vida.
—Temo —respondió Elinor— que lo agradable de una ocupación no es siempre prueba de su corrección.
—Al contrario, nada puede ser una prueba más contundente de ello, Elinor; pues si lo que hice hubiera sido de alguna manera incorrecto, lo habrÃa estado sintiendo todo el tiempo, porque siempre sabemos cuando actuamos mal, y con tal convicción no podrÃa haber disfrutado.
—Pero, mi querida Marianne, como esto ya te ha expuesto a algunas observaciones bastante impertinentes, ¿no comienzas a dudar ahora de la discreción de tu conducta?
—Si las observaciones impertinentes de la señora Jennings van a ser prueba de la incorrección de una conducta, todos nos encontramos en falta en cada uno de los momentos de nuestra vida. No valoro sus censuras más de lo que valorarÃa sus elogios. No tengo conciencia de haber hecho nada malo al pasear por los jardines de la señora Smith o visitar su casa. Algún dÃa serán del señor Willoughby, y…
—Si un dÃa fueran a ser tuyas, Marianne, eso no justificarÃa lo que has hecho.