Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Marianne se sonrojó ante esta insinuación, pero hasta se veía que era gratificante para ella; y tras un lapso de diez minutos de intensa meditación, se acercó nuevamente a su hermana y le dijo con bastante buen humor:
—Quizá, Elinor, fue imprudente de mi parte ir a Allenham; pero el señor Willoughby quería muy en especial mostrarme el lugar; y es una casa encantadora, te lo aseguro. Hay una salita extremadamente linda arriba, de un tamaño muy agradable y cómodo, que puede ser usada a lo largo de todo el año, y con muebles modernos sería exquisita. Está situada en una esquina, con ventanas a ambos lados. Hacia un lado, a través de un campo plantado de césped donde se juega a los bolos, tras la casa, ves un hermoso bosque en pendiente; hacia el otro, tienes una vista de la iglesia y de la aldea y, más allá, esas bellas colinas escarpadas que tantas veces hemos admirado. No vi esta salita en la mejor de las circunstancias, porque nada podría estar más abandonado que ese mobiliario… pero si se lo arreglara con cosas nuevas… un par de cientos de libras, dice Willoughby, la transformarían en una de las salas de verano más agradables de toda Inglaterra.
Si Elinor la hubiera podido escuchar sin interrupciones de los demás, le habría descrito cada habitación de la casa con idéntico entusiasmo.