Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —Por nada del mundo le harÃa tal pregunta. Suponiendo posible que no estén comprometidos, ¡cuánta aflicción no le infligirÃa al asà interrogarla! En todo caso, revelarÃa una falta de consideración tan grande a sus sentimientos. Nunca podrÃa merecer su confianza de nuevo tras obligarla a confesar algo que por el momento no se quiere en conocimiento de nadie. Conozco el corazón de Marianne: sé que me quiere profundamente y que no seré la última en quien confÃe sus asuntos, cuando las circunstancias asà lo aconsejen. Jamás intentarÃa forzar las confidencias de nadie, menos aún de una niña, porque un sentido del deber contrario a sus deseos le impedirÃa negarse a Elinor pensó que su generosidad era excesiva, considerando la juventud de su hermana, e insistió un poco, pero en vano; el sentido común, el celo común y la prudencia común, todos habÃan sucumbido en la romántica delicadeza de la señora Dashwood.
Pasaron varios dÃas antes de que nadie en la familia mencionara el nombre de Willoughby frente a Marianne; por supuesto, sir John y la señora Jennings no fueron tan delicados; sus ingeniosidades sumaron dolor a muchos momentos dolorosos; pero una tarde, la señora Dashwood, tomando al azar un volumen de Shakespeare, exclamó:
—Nunca terminamos Hamlet, Marianne; nuestro querido Willoughby se fue antes de que lo leyéramos completo. Lo reservaremos, de manera que cuando vuelva… Pero pueden pasar meses antes de que eso ocurra.