Sentido y sensibilidad

Sentido y sensibilidad

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—Si no me engaña la incertidumbre, la arbitrariedad de un dulce recuerdo, hay un gran parecido entre ellas, en mentalidad y en aspecto: la misma intensidad en sus sentimientos, la misma fuerza de imaginación y vehemencia de espíritu. Esta dama era una de mis parientes más cercanas, huérfana desde la infancia y bajo la tutela de mi padre. Teníamos casi la misma edad, y desde nuestros más tempranos años fuimos compañeros de juegos y amigos. No puedo recordar algún momento en que no haya querido a Eliza; y mi afecto por ella, a medida que crecíamos, fue tal que quizá, juzgando por mi actual carácter solitario y mi tan poco alegre seriedad, usted me crea incapaz de haberlo sentido. El de ella hacia mí fue, así lo creo, tan ferviente como el de su hermana al señor Willoughby y, aunque por motivos diferentes, no menos desafortunado. A los diecisiete años la perdí para siempre. Se casó, en contra de sus deseos, con mi hermano. Era dueña de una gran fortuna, y las propiedades de mi familia bastante importantes. Y esto, me temo, es todo lo que se puede decir respecto del comportamiento de quien era al mismo tiempo su tío y tutor. Mi hermano no se la merecía; ni siquiera la amaba. Yo había tenido la esperanza de que su afecto por mí la sostendría ante todas las dificultades, y por un tiempo así fue; pero finalmente la desdichada situación en que vivía, porque debía soportar las mayores inclemencias, fue más fuerte que ella, y aunque me había prometido que nada… ¡pero cuán a ciegas avanzo en mi relato! No le he dicho cómo fue que ocurrió esto. Estábamos a pocas horas de huir juntos a Escocia. La falsedad, o la necedad de la doncella de mi prima nos traicionó. Fui expulsado a la casa de un pariente muy lejano, y a ella no se le permitió ninguna libertad, ninguna compañía ni diversión, hasta que convencieron a mi padre de que cediera. Yo había confiado demasiado en la fortaleza de Eliza, y el golpe fue muy severo. Pero si su matrimonio hubiese sido feliz, joven como era yo en ese entonces, en unos pocos meses habría terminado aceptándolo, o al menos no tendría que lamentarlo ahora. Pero no fue ése el caso.


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