Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Quizá la señora Jennings tenía la esperanza de que este expresivo boceto de su futuro hastío lo incitara a hacer esa proposición que le permitiría liberarse de tal destino; y si así era, poco después tuvo motivos para pensar que había logrado su objetivo; pues al acercarse Elinor a la ventana para tomar de manera más expedita las medidas de un grabado que iba a copiar para su amiga, él la siguió con una mirada particularmente significativa y conversó con ella durante varios minutos. Tampoco el efecto que tuvo esta conversación en la joven escapó a la observación de la señora Jennings, pues aunque era demasiado digna para estar escuchando, e incluso para no escuchar se había cambiado de lugar a uno cercano al piano donde Marianne estaba tocando, no pudo evitar ver que Elinor mudaba de color, escuchaba con gran agitación y estaba demasiado concentrada en lo que él decía para seguir con su labor. Confirmando aún más sus esperanzas, en el intervalo en que Marianne cambiaba de una lección a otra no pudo evitar que llegaran a sus oídos algunas de las palabras del coronel, con las cuales parecía estar excusándose por el mal estado de su casa. Esto eliminó toda duda en ella. Le extrañó, es cierto, que él pensara que ello era necesario, pero supuso que sería la etiqueta correcta. No pudo distinguir la respuesta de Elinor, pero a juzgar por el movimiento de sus labios, parecía pensar que ésa no era una objeción de peso; y la señora Jennings la alabó en su corazón por su honestidad. Siguieron hablando luego sin que pudiera captar ni una palabra más, cuando otra afortunada pausa en la ejecución de Marianne le hizo llegar estas palabras en la tranquila voz del coronel: