Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Elinor había visto tan poco al señor Palmer, y en ese poco había visto tanta diversidad en su trato a su hermana y a ella misma, que no sabía qué esperar de él al encontrarlo en su propia familia. Lo que encontró, sin embargo, fue un comportamiento perfectamente caballeroso hacia todos sus invitados, y sólo en ocasiones áspero con su esposa y la madre de ella; lo encontró muy capaz de ser una grata compañía, y lo único que le impedía serlo siempre era una excesiva capacidad de sentirse tan superior a la gente en general como debía creerse con respecto de la señora Jennings y de Charlotte. En cuanto a los restantes aspectos de su carácter y hábitos, no mostraban, hasta donde Elinor alcanzaba a percibir, ningún rasgo inusual en personas de su sexo y edad. Le gustaba una buena mesa, pero no solía llegar a la hora; quería a su hijo, pero fingía desdén; y haraganeaba en la mesa de billar durante las mañanas en vez de dedicarlas a los negocios. En conjunto, sin embargo, a Elinor le gustaba mucho más de lo que había esperado, y en su corazón no lamentaba que no le pudiera gustar más: no lamentaba que la observación de su epicureísmo, su egoísmo y su presunción la llevaran a descansar con gusto en el recuerdo del generoso temple de Edward, sus gustos simples y tímidos sentimientos.