Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Quizá lo compadecÃa y estimaba más por los desaires que recibÃa de Willoughby y Marianne, quienes, prejuiciados en su contra por no ser ni vivaz ni joven, parecÃan decididos a menospreciar sus méritos.
—Brandon es justamente el tipo de persona —afirmó Willoughby un dÃa en que conversaban sobre él— de quien todos hablan bien y que no le importa a nadie; a quien todos están dichosos de ver, y con quien nadie se acuerda de hablar.
—Es exactamente lo que pienso de él —exclamó Marianne.
—Pero no hagan alarde de ello —dijo Elinor—, porque en eso los dos son injustos. En Barton Park todos lo estiman profundamente, y por mi parte nunca lo veo sin hacer todos los esfuerzos posibles para conversar con él.
—Que usted esté de su parte —replicó Willoughby— ciertamente habla en favor del coronel; pero en lo que toca al aprecio de los demás, ello constituye en sà mismo un reproche. ¿Quién querrÃa someterse a la indignidad de ser aprobado por mujeres como lady Middleton y la señora Jennings, algo que a cualquiera dejarÃa por completo indiferente?