El rancho del crimen
El rancho del crimen —¿HacÃa mucho tiempo que estaba usted en la cárcel de Bitter Creek?
—Sólo un dÃa... o asÃ. Soy un vaquero y tuve una pelea...
Pete notó la palidez de aquel individuo. HabÃa notado también que sus vestidos estaban muy estropeados por las zarzas y los abrojos del camino. Si aquel hombre se habÃa visto precisado de recorrer el trayecto desde Hondo con las manos esposadas, debÃa aparecer más maltratado por los elementos de lo que parecÃa.
El sheriff examinó las manos del prisionero y vió que las palmas eran demasiado finas para el oficio que decÃa tener.
—¿Con que un vaquero, eh? —preguntó burlón—. Creo que no ha tocado una res en mucho tiempo.
Sus humeantes ojos se clavaron en el rostro del desconocido.
—Hombre —le dijo—, no me gustan los embusteros, pero de todos modos creo que vale más una mentira completa que la mitad de una verdad. Mejor será que me cuente su historia completa.
—Si usted cree que estoy mintiendo —fue la contestación del prisionero—, lléveme a Hondo. El capitán Early, de la patrulla de la frontera, me conoce. Me arrestó en otra ocasión. Él le dirá que estoy diciendo la verdad.