El rancho del crimen
El rancho del crimen Las balas seguĂan saliendo de los vagones y otro de los soldados de la patrulla cayĂł hacia delante con el corazĂłn atravesado de un balazo.
—¡Hay algunos escondidos! —gritĂł una tercera voz en las tinieblas—. ¡Vamos a buscarlos, “Miserias”! ¡Ya has oĂdo que nos han dicho que no dejemos a ninguno con vida! ¡Yo matarĂ© uno!
—¡Yo ya he escogido mi blanco, Teeny! —se oyó contestar.
E inmediatamente se oyeron dos detonaciones. Ya no contestĂł a los disparos ningĂşn soldado. Una figura tenebrosa saliĂł de debajo del encerado del vagĂłn posterior del convoy y se sentĂł en el borde del coche.
—¡Adelante! —le gritó alborozadamente a Harron.
Los latigos silbaron sobre los caballos. El vagón que iba en cabeza empezó a andar y los demás le siguieron.
El hombre que estaba junto a Harron, soltĂł una carcajada.
—¡Bien trabajado! ¿Verdad? —preguntó.
—¡Admirable! —admitiĂł Harron—. Si todos los hombres de la Patrulla han muerto y... —Si han muerto todos, cobraremos mil dĂłlares por cabeza de esos amarillo... menos por unos cuantos que han muerto. Si alguno de esos soldados ha logrado escapar... Âżcreo que ha oĂdo usted esas voces?