El rancho del crimen
El rancho del crimen Los tres hombres se habían dirigido a toda marcha a Grizzly Butte y se encontraron en las desiertas cabañas. Después de practicar un detenido reconocimiento sacaron la consecuencia de que habían caído en una grosera trampa. Indudablemente aquello debía de ser una emboscada. Se habían visto muchas veces en trances parecidos, pero en esta ocasión el aturdimiento había alterado sus rostros.
“Miserias” galopaba junto a Pete.
—¿No crees, patrón, que pueda tratarse de alguna broma? —preguntó.
Pete movió la cabeza enérgicamente.
—No. Tengo la seguridad de que esto tiene algo que ver con las bravatas de Fancy Weldron cuando lo llevaba a Phoenix.
Mascaba su goma nervioso.
—Weldron me estuvo mirando con los ojos entronados todo el camino. Un hombre que mira con ojos medio cerrados no suele fantasear. Está urdiendo algo. Temo que estemos yendo a parar en un trastorno grave o en un desengaño.
—Tal vez haya ocurrido algo grave en el Slash C mientras hemos estado ausentes —aventuró Teeny Butler.
—Tal vez —asintió Pete.
Y volvió a mascar su goma unos segundos.