El rancho del crimen
El rancho del crimen Sin embargo Pete, que había oído la conversación particular sostenida por Early con uno de sus hombres, lo sabía perfectamente. Di su plan fallaba, él y sus dos comisarios se verían antes e poco enzarzados en una nueva pelea o tendría que montar a caballo a toda prisa para intentar la fuga.
Los minutos parecía eternos.
Vaughn empezó a agitarse en su lecho. Al principio emitió sonidos inarticulados, pero poco a poco sus palabras fueron haciéndose más inteligibles. A veces daba un chillido penetrante.
Volvía a vivir escenas ocurridas en el Slash C. Llamaba a los hombres por su nombre. Su conversación era a veces vaga, pero algunas partes de ella eran perfectamente razonables.
¡ —Ahora le toca a usted actuar, Laredo— dijeron las palabras que salían de sus labios —. Un trabajo endemoniadamente encantador. Usted se apoderará de la muchacha. Si consigue usted casarse con ella, se habrán acabado los trastornos para nosotros. El rancho será nuestro y entonces...
Las palabras se cortaron al llegar aquí.
“¡Socorro! ¡Socorro!” gritó Vaughn en su delirio. Sus ojos estaban ahora desorbitados, pero no parecía ver nada. Luego los volvió a cerrar.