El rancho del crimen
El rancho del crimen El acusado inclinó la cabeza con muestras de resignación. No hizo resistencia alguna cuando Johnny Boot y otro de los vaqueros del rancho le ataron las manos y se dispusieron a conducirlo a la ciudad. El chino asesinado fue envuelto en un poncho y atado a la grupa de un caballo.
Virginia observó todos los preparativos frente a la puerta principal de la casa. Por un instante experimentó el deseo imperioso de seguir a la caravana hacia el Este, pero logró al fin dominarse y permaneció en el rancho.
Los huéspedes del Slash C. fueron muy bondadosos con ella. Cuando al fin se retiró a sus habitaciones estuvieron haciéndole compañía gran rato. Eran todos hombres de posición que pagaban altos alquileres por el privilegio de residir en el rancho.
—No se deje usted impresionar por este desgraciado incidente, miss Virginia —le dijo amablemente Elbert Vaughn—. Por un homicidio no vamos a desertar de aquí. Por mi parte, pienso seguir en el rancho algunos meses. Precisamente he empezado a tejer una nueva manta.
—Han sido todos ustedes muy amables conmigo —contestó Virginia.
Vaughn esbozó una sonrisa.
—Puede usted contar siempre con nuestra cooperación.