El trasgo del desierto
El trasgo del desierto —¡Mucho! Más vale que monten a caballo. Se lo diré por el camino. Cogeremos a esa gente esta noche... si logramos llegar a tiempo. ¡Tiempo! ¡Ese es el factor esencial ahora! ¡Tenemos grandes probabilidades de pescarles esta vez! ¡Vamos aprisa!
Pete no perdió ni un segundo más haciendo preguntas. Su alazán estaba ensillado, junto al atadero, asà como el caballo bayo de Teeny. Pete montó de un salto y salió detrás de Latcher, que cabalgaba ya calle arriba. Sin saber por qué, volvió la vista. Vio la luz encendida aún en el despacho particular de Tomas Buckland.
El potente automóvil nuevo de Standish estaba parado delante del Banco, con el motor en marcha aun. «Miserias», debido al proyectado viaje por tren, habÃa dejado su caballo en la cuadra. Pero aun antes de que Latcher hubiera hecho girar su montura, el pequeño barbero comisario corrÃa ya calle arriba hacia el Salón Looping Arrow.
Se acercó al atadero, echó una rápida ojeada al grupo de caballos, vio un bayo que tenÃa trazas de ser muy veloz, lo desató y montó. No preguntó quién era su propietario. Corrió tras los otros tres hombres sin vacilar.
Se hallaba al lado de Teeny antes de que llegaran a las afueras de la población.