El trasgo del desierto
El trasgo del desierto La sangre que le manaba de la herida de la cabeza le estaba resbalando hasta un ojo, cegándole en parte. Le caía hasta los labios. Pero cargó tranquilamente sus revólveres, tendido en el suelo. Se encontraba de humor belicoso. Le latía él pulso con violencia. Sentía el sabor salino de la sangre en sus labios.
Pegó el oído al suelo. Oyó a Slim Latcher, Teeny y «Miserias» que acudían a reunirse con él. No se hallaban muy lejos ya. Empezaron a sonar varios revólveres en los coches. Algunos de los pasajeros estaban tomando parte en la lucha. Un rifle de repetición sonó varias veces. Cuando calló, lo único que pudo oír Pete en los coches fue las detonaciones de un revólver de poco calibre.
Uno de los bandidos intentó arrastrarse hacia la parte delantera de la locomotora y coger el rifle caído allí. Pero un disparo de Pete le hizo correr a esconderse otra vez. Todos los bandidos estaban guarecidos tras la locomotora ya, todos menos el que cayera del caballo. Este no había hecho el menor movimiento. Pete ni tenía blanco alguno a la vista. Decidió correr riesgos mayores aun. Se arrastró por el suelo en dirección a la locomotora. Si lograba apoderarse de aquel rifle de gran potencia...
—¡Eeeh! ¡Aguante, sheriff! ¡Llegamos en seguida!
La voz sonora de Slim Latcher resonó en las tinieblas.