El trasgo del desierto
El trasgo del desierto Se oyeron gritos excitados detrás de la locomotora. Segundos después, Pete oyó ruido de cascos sobre la grava y luego sobre tierra. El sonido fue alejándose. Sonaron gritos en los coches y algunos disparos, un pasajero que tiraba contra los bandidos que huían. Tronó un rifle, el disparo de despedida de los salteadores.
Pete se hallaba aún á muchos metros del rifle caído. Se puso en pie y corrió hacia él. Estaba irritado. Si Slim Latcher no hubiese gritado, los bandidos tal vez no hubieran huido. Pete hubiese querido probar qué podía hacer con el rifle de gran potencia, a pesar de ser tantos sus adversarios.
Pero comprendía que Latcher no podía saber cuál era la situación. Pete tenía confianza en él. Ningún momento había compartido las sospechas del desconfiado «Miserias». Latcher había demostrado ya su valor y que era digno de confianza: Era un hombre valiente y leal.
Las pisadas de los caballos de Latcher y de los comisarios sonaban más cerca. Pete enfundó sus revólveres, cogió el rifle y silbó llamando a Sonny. El alazán surgió de la oscuridad por el Oeste. Casi al mismo tiempo, Teeny y «Miserias» se acercaron y, unos cincuenta metros más atrás, apareció Slim Latcher en su jadeante caballo grulla.