Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador En la frontera española se había reunido un grupo de liberales y carbonarios de todos los países, que pretendían impedir la invasión. Mandaba el grupo de emigrados el barón de Fabvier; el barón pensaba invitar, desde la orilla española del Bidasoa, a los soldados de Angulema a que abandonaran su empresa y a que se acogieran a la bandera tricolor que enarbolaban ellos.
Este puñado de ilusos, reunidos delante de Behobia, se titulaba batallón de los Hombres Libres.
Aviraneta, con Beúnza y otros amigos, en una barca, se acercaron a Behobia por el río.
Era ya media tarde cuando apareció el grupo de bonapartistas y carbonarios, y comenzó a llamar a los soldados de las avanzadas francesas y a darse a conocer.
—¡Ahora vamos! —gritaron los de la orilla española.
—¡Sí, venid! —contestaron algunos soldados del otro lado.
En esto, los carbonarios se pusieron a agitar la bandera tricolor. De pronto se vio avanzar al galope, en la orilla francesa, un general a caballo. Era el general Vallin. Mandó preparar una batería; los artilleros obedecieron, y sonaron dos estampidos.
—¡Viva la artillería francesa! ¡Viva la República! —gritaban los de Fabvier, agitando la bandera tricolor.