Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador El resultado de las investigaciones fue que la puerta del Carmen era la: más débil, que no tenía hierros, sino una tranca, y que por ella había que hacer el intento de entrar.
Antes de amanecer, cincuenta soldados, dirigidos por Aviraneta, se establecieron en unas casas próximas a la puerta del Carmen. Eran cinco zapadores, cuarenta fusileros, cuatro tambores y un pito. Debían esperar allí hasta el anochecer.
A media tarde, salió Aviraneta de su casa y se alejó de ella, acercándose al campamento del Empecinado a enterarse de las circunstancias de la lucha.
El Empecinado había comenzado un ataque aparatoso, mandó incendiar parte del barrio de San Francisco y se tiroteó a gran distancia con los realistas.
Aviraneta corrió a la casa donde estaba alojado a dar sus disposiciones. Era el momento en que tenía que obrar; un centinela desde el tejado anunció que los realistas se corrían hacia el sitio de la muralla, donde comenzaba el nuevo ataque, y que por el lado de la derecha no había nadie.
Se dispuso que cuatro zapadores avanzaran con Aviraneta inmediatamente a la puerta del Carmen, y comenzaran a aserrarla; veinte fusileros pasarían en seguida que esta se abriera, y otros veinte quedarían emboscados en la casa para hacer fuego desde los balcones sobre los realistas que aparecieran en la muralla.