Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador —No hay nada mejor que el comercio, señor Aviraneta —replicó el banquero, sonriendo—. Yo creo que usted no se ha dado cuenta de ello. Yo quisiera que probara usted a trabajar en mi casa.
—Probaré.
—Yo le daré a usted el máximo de sueldo y el máximo de comisión.
Comenzó Aviraneta a ir al escritorio, y fue tan puntual y ordenado como pudiera serlo el primero.
Al cabo de un mes, Benolié le llamó a su despacho.
—Indudablemente, señor Aviraneta —le dijo—, no sirve usted para la vida sedentaria. No come usted, no bebe, no habla y se va usted poniendo más amarillo que un limón. ¿Qué ha pensado usted hacer?
—Yo habÃa pensado ir a Grecia y hacer la campaña contra los turcos; pero como todo el mundo me habla aquà mal de los griegos, he decidido ir a Egipto y ofrecerme al Gobierno del virrey como oficial.
—Bueno, bueno; como usted quiera. Si trata usted de ir a Egipto, yo le proporcionaré barco.