Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador —¿Qué echa usted de menos aquà o qué le estorba? DÃgamelo usted claramente, dÃgamelo usted con la franqueza de un nieto del Cid.
—Excelencia —dijo Aviraneta—, para mà hay aquà demasiada etiqueta.
Lord Byron se echó a reÃr a carcajadas. Como vio don Eugenio que lo tomaba alegremente, añadió:
—Tanto ponerse la corbata y cepillarse la levita a todas horas y tanto saludar al superior o al inferior y dejar que pase y esperar a que se siente, a mÃ, que he vivido entre campesinos, me cansa.
—¡Es usted un hombre original, guerrillero!
Asà vivió quince dÃas Aviraneta en compañÃa de lord Byron, hasta que este enfermó y murió. Entonces se trasladó a la goleta chipriota.
Muchos ingleses envidiaban a Aviraneta su intimidad con lord Byron; la mayorÃa de los que estaban en Missolonghi no habÃan cruzado ni una vez la palabra con él.
—Pues era hombre amable y muy asequible —decÃa don Eugenio—; a veces de gran afabilidad.
—SÃ, para la gente original y extraña como usted. Un guerrillero español que ha guerreado a las órdenes de un cura, no se encuentra todos los dÃas. Para nosotros, paisanos suyos sin historia, no era tan asequible el lord, ni mucho menos.