Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Berroa y Aviraneta dormÃan en un mismo cuarto en casa de Troncoso; el calor era sofocante y los mosquitos no les dejaban en paz, a pesar de los mosquiteros. Un dÃa se le ocurrió a Berroa abrir de noche la ventana para aliviarse del calor. Este repentino tránsito del excesivo calor al frÃo dejó pasmado a don Eugenio —era lo que creÃa él—, y por la mañana se levantó con gran dolor de cabeza y terrible ardor en el estómago.
Salió a la calle después de haber tomado crémor tártaro, y un amigo le dijo:
—Vaya su merced a casa, porque está atacado del mal.
—¿En qué lo conoce? —preguntó don Eugenio.
—En que la cara se le va poniendo amoratada y las orejas encarnadas. Vuesa merced está atacado del vómito.
Gracias a un excesivo cuidado, logró Aviraneta escapar de la muerte al cabo de varios dÃas de cama, no bebiendo más que agua con tamarindo y tazas de atole, que era lo único que acostumbraban a tomar en la convalecencia del vómito.
Con este régimen riguroso consiguió ponerse bueno; pero dijo a su patrón que le hacÃa falta para restablecerse del todo mudar de aires una temporada, y decidieron que fuera a pasar unos dÃas a su pueblo, Tlacotalpam, situado a cuatro o cinco leguas de Alvarado, a orillas del rÃo Mariposas.