Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Marché al Archivo de Clases Pasivas y comenzaron otra vez las dificultades.
El archivero me advirtió que no se podÃan ver los legajos; yo le expliqué que no se trataba de obtener ninguna pensión, sino de un estudio histórico; hizo como que me oÃa, y me dijo que volviera dentro de quince dÃas.
VolvÃ, y el archivero no estaba; no habÃa más que un mozo. Le expliqué lo que me habÃa prometido el archivero; el mozo sacó un cuaderno y me preguntó:
—¿En qué fecha murió ese señor?
—No lo sé a punto fijo; es lo que busco.
—¿Cómo se llamaba?
—Aviraneta e Ibargoyen, Eugenio.
El mozo repasó el cuaderno muy serio, y me dijo:
—No está.
—¿Usted quiere dejarme ver el cuaderno? —le pregunté.
—Véalo usted si quiere. Es inútil; no está.
Cogà el cuaderno, y en la primera página, en la primera lÃnea, ponÃa: «Eugenio de Aviraneta e Ibargoyen».
—Pues aquà está —le dije al mozo.
—¡Aviraneta!… ¡Aviraneta! Usted no me lo ha dicho asÃ.