Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador —Si el rey que acaba de morir no hubiera sido uno de los personajes más abominables de la Historia contemporánea; si hubiera tenido algo siquiera de hombre, todos los españoles estarÃamos ahora en un momento de dolor; pero el rey que ha muerto era, sencillamente, un miserable, un hombre cruel y sanguinario que llenó de horcas España, donde mandó colgar a los que le defendieron con su sangre. No hablemos de tregua producida por el dolor. SerÃa una farsa. No hablemos de sentimiento; lo más que se nos puede pedir es el olvido. No hablemos de ayer, pensemos en mañana.
La contestación de Aviraneta produjo terrible marejada de gritos, protestas y aplausos en la sala.
Al salir de la reunión fueron varios a un café de la Puerta del Sol, y un muchacho apellidado Urbina, hijo del marqués de Aravaca, dijo a Aviraneta que estaban en todo conformes con él por lo que habÃa dicho en la reunión. Que contaban con muchos oficiales de los mismos sentimientos; que tenÃan de su parte a los sargentos y soldados del regimiento de la Guardia real y que esperaban que les diera Aviraneta su plan revolucionario para realizarlo en seguida.
Iban a cerrar el café; salieron todos a la Puerta del Sol, donde siguieron charlando. El grupo seguÃa en la acera cuando dos jóvenes volvieron corriendo hacia el café.
—¿Qué pasa? —les preguntó Aviraneta.