Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Entonces un matón disparó un tiro y, dada la señal, los demás hicieron una descarga cerrada.
Saint-Just, viendo que las balas pasaban a su lado y que el peligro era inminente y las exhortaciones vanas, se resguardó detrás de la puerta. Siguieron los disparos, y una bala, entrando por una rendija de la puerta, dio al general y le dejó gravemente herido.
Alguno que le vio caer avisó a los sublevados, y entonces las turbas entraron en el Ayuntamiento y a bayonetazos y a sablazos acabaron con el herido.
En aquel momento, los sublevados huyeron corriendo hacia el puerto.
Sin duda, al conocer el drama desarrollado en el Ayuntamiento, el conde de Donadío había corrido al antiguo convento de la Merced, donde estaba la tropa de línea, y había intentado convencer a los oficiales para que le ayudaran a dominar el motín.
Se formó una Junta marcial, y don Juan Antonio Escalante se puso a la cabeza para evitar mayores estragos.
Rodeado de grupos de exaltados estaba Escalante; los furiosos pedían a voz en grito que se sacara allí mismo a Donadío para fusilarlo sobre la marcha.
El conde de Donadío, al verse abandonado dentro del antiguo convento y creerse, con motivo, en gran peligro, se disfrazó con un uniforme viejo de miliciano.