Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Los sargentos de la tropa sabÃan que estaba allà metido y pidieron entrar. Entraron, y en el mismo momento vieron a DonadÃo que bajaba la escalera principal, y lo reconocieron a la luz de una linterna.
—Este es —dijo uno de los sargentos.
—¡Matadlo, matadlo! —gritó uno que venÃa delante.
El conde de DonadÃo intentó retroceder en la escalera; luego quiso hablar, sonaron varios disparos, y una bala le atravesó el pecho.
Aviraneta vio sacar el cadáver a la plaza por los milicianos, que chillaban y aullaban arrastrándolo; tenÃa la cara negra y un agujero sangriento en el pecho.
Hecha la revolución de Málaga, enviaron a Aviraneta, como delegado, a Cádiz; asà que de Málaga marchó don Eugenio a Cádiz en el vapor Balear, el mismo barco en que fue de Valencia a Barcelona. Se albergó en la posada de las señoras de San Quirico, en la calle del Vestuario.
En Cádiz también se habÃa proclamado la Constitución el dÃa 28 de julio, iniciada la revolución por los isabelinos. Con la revolución triunfante empezaron estos a organizarse y a pensar en el Ministerio futuro.
Pocos dÃas después, los sargentos, en La Granja, obligaban a MarÃa Cristina a proclamar la Constitución.