Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador —Aviraneta —dijo Narváez—, sé quién es usted, lo que ha sufrido, la situación en que se encuentra. Si me necesita alguna vez, cuente usted conmigo.
—Gracias, brigadier.
Se estrecharon la mano.
Poco después salÃa Narváez a la plaza, montado a caballo, y bajaba la cuesta, rodeado de Ros de Olano, del coronel Silva y del comandante Mayalde.
Comenzó a tocar la música, y la columna se puso en marcha; luego se la vio alejarse por la carretera.