Aviraneta o la vida de un conspirador

Aviraneta o la vida de un conspirador

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—Sé la misión que has tomado —le dijo María Cristina—; pon en la empresa toda tu alma. Si el dinero que te da Pita Pizarro no te basta, escríbeme a mí.

—Así lo haré —respondió Aviraneta.

Comprendió que su misión iba a tener mucho de confidencia y de espionaje; pero en esta época todos los políticos activos y los generales, quitando los oradores ampulosos y huecos de Madrid, tenían que practicar el espionaje.

Con este motivo, fue primeramente a San Sebastián; en los ocho días que estuvo se enteró de varias cosas. Los políticos se alarmaron con la marcha de don Eugenio a Francia; los masones trabajaban contra él. La plana mayor general había escrito al conde de Mirasol señalándole la presencia del peligroso personaje. Alzate contó que la misma noche de la llegada a San Sebastián, el conde de Mirasol mandó llamar a don Eugenio y los dos conferenciaron reservadamente.

Pasada la semana en San Sebastián, se embarcó en una trincadura, desembarcó en Socoa y fue en un cochecito a Bayona.

El cónsul español en Bayona le hacía la guerra a muerte y le cerraba todos los caminos. Este señor Gamboa era amigo y agente de Calatrava, y este, a su vez, compadre de Mendizábal y de Gil de la Cuadra. Todos ellos masones escoceses y enemigos de Aviraneta.


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