Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador A final de enero, con los papeles en regla, María Luisa tomó la diligencia, y después de pasar por San Juan de Luz, fue por los montes hasta Oyarzun, en donde durmió.
Escribió al día siguiente desde Tolosa a don Eugenio diciéndole que la mayoría de la gente con quien hablaba era partidaria de los presos ya libertados de Arciniega. Villarreal no tenía mando, y aún esperaba para obtenerlo el que el padre Cirilo subiese al poder.
El 3 de febrero llegó a Vergara, y presenció la entrada del pretendiente. Después fue a una misa de gala muy decorativa. En la iglesia, en el sitio de honor, estaban Don Carlos y su hijo vestidos de uniforme; la duquesa de Beira, con traje de cola muy lujoso, y luego la corte: galones, penachos, plumeros, levitas; el general Uranga, doña Jacinta, la Obispa; la camarista señorita de Arce, el obispo de León, etc., etc.
Dos días después salió para Estella en un carricoche roto y desvencijado.
Entró en Estella. Todas las posadas estaban ocupadas. En el pueblo había una gran agitación. La plaza solía llenarse mañana y tarde de corrillos de apostólicos, a quienes apodaban los de la vela verde.