Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Los agentes aviranetianos hicieron conocer al pueblo y al soldado que el gran obstáculo para obtener la paz era Don Carlos y los hojalateros de Castilla, el uno ambicioso y los otros gentes ricas que no sentÃan la miseria de la guerra con sus rentas bien saneadas en fincas del MediodÃa y en Bancos extranjeros.
Don Eugenio, por entonces, no descansaba; habÃa entrado en correspondencia con el antiguo maestro de su niñez, don Mariano Arizmendi, hombre un tanto sombrÃo, de genio adusto, de gran influencia entre los personajes carlistas.
No se pusieron de acuerdo Arizmendi y él; pero se habló entre ellos repetidamente de que, para terminar la guerra, era indispensable un convenio, palabra que corrió por el campo carlista y por el liberal.
Mientras tanto, iba preparando más documentos falsos que habÃa de utilizar en el legajo que pensaba introducir en la corte de Don Carlos. A este legajo llamaba el Simancas.
Cuando los expulsados por Maroto llegaron a Francia, Aviraneta tenÃa confidentes en los dos campos carlistas y sabÃa dÃa por dÃa y hora por hora lo que hacÃan los unos y los otros.
La acción de los marotistas era más pública, y habÃa informes oficiales de ella; la de los antimarotistas, más secreta.