Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Merino, furioso, se fue al mesón de la Quintanilla, se quitó los hábitos, cogió una escopeta y se emboscó en los pinares. Al primer francés que paso, ¡paf!, abajo.
Por la noche entró en Villoviado y llamó a un mozo acompañante suyo de caza, le dio una escopeta y fueron los dos al pinar.
Cuando pasaban franceses, el cura decía al mozo:
—Apunta a los que veas más majos, que yo haré lo mismo.
Poco después se unió a la pareja un sobrino del cura; semanas más tarde, el cura Merino contaba con una partida de veinte hombres que le ayudó a armar el Empecinado.
Todos ellos eran serranos de los contornos; conocían a palmos los pinares de Quintanar, no se aventuraban a salir de ellos y atacaban a los destacamentos franceses de escaso número de soldados, preparándoles emboscadas en los caminos y desfiladeros.