Aviraneta o la vida de un conspirador

Aviraneta o la vida de un conspirador

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Pocos meses después del decreto de Soult, y en vista de las constantes expoliaciones de Mina, el Empecinado y Merino, Napoleón ordenó que tres columnas de quince a veinte mil hombres cada una ocupasen las guaridas de los guerrilleros en Navarra, en la Alcarria y en las sierras de Burgos y Soria.

Los generales Kellerman y Roquet fueron los encargados de perseguirlos.

Los guerrilleros se tuvieron que refugiar en lugares ocultos. En las cuevas y en los rincones de las iglesias se guardaban las armas y las municiones.

Aviraneta vivió en la cueva del Abejón, en las ruinas de Clunia, y estuvo en Neila a dar un recado a Merino.

La cueva del Abejón está situada en la cumbre del pinar de San Leonardo, en las inmediaciones de Regumiel. Cabía mucha gente. Allí se refugió el Brigante con la mitad de sus hombres.

Como la estancia en la cueva no convenía a Eugenio por su reumatismo, cada vez mayor, y como por aquel entonces las tropas de Roquet les rodeaban por todas partes, andando sólo de noche fue atravesando gran parte de la provincia de Soria, hasta Coruña del Conde.

El cura de este pueblo, amigo de Merino, le acogió en su casa, y en ella permaneció algún tiempo, hasta que se repuso.


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