Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador A Aviraneta le parecía que el comandante les miraba y les decía: «¡Gracias, compañeros!».
Había oscurecido; sólo quedaba una ligera claridad en el cielo. Los cuervos iban posándose silenciosamente en la tierra, se oían sus graznidos. Algunos hombres y mujeres sospechosos merodeaban por el campo, escondiéndose entre los matorrales. Los perros hambrientos de los contornos se acercaban al olor de la sangre. Era una gran fiesta para todos los animales necrófagos: cuervos, cornejas, buitres, gusanos, perros hambrientos y demás comensales de la Muerte.
Los guerrilleros marcharon mudos por el campo oscuro, sembrado de cadáveres.
Por aquella acción del portillo de Hontoria, Merino ascendió a brigadier; otros pasaron de tenientes a capitanes y de capitanes a comandantes.
Ni Lara ni Aviraneta ascendieron. El escuadrón del Brigante desapareció, y fueron incorporados al regimiento de caballería de Burgos.
El otoño de aquel año se apresaron cinco mil carneros, que los franceses enviaban a Aranda de Duero, y unos días después, en una venta cerca de Burgos, se quemaron cuarenta carros de galletas consignados al ejército de Massena.
Al año siguiente, por la primavera, los españoles estuvieron a punto de pagar la emboscada de Hontoria del Pinar.