Camino de perfeccion
Camino de perfeccion —Con esas ideas —le dije una vez—, ¿cómo puede usted resistir a ese idiota de Santana, que es tan estúpidamente natural?
—¡Oh! Es un tipo muy interesante —contestó, sonriendo—. A mÃ, la verdad, la gente que me conoce me estima; él, no: siente un desprecio tan profundo por mÃ, que me obliga a respetarle.
Un dÃa, en una de esas conversaciones largas en que se vuelca el fondo de los pensamientos y se vacÃa espiritualmente una conciencia, le hablé de lo poco clara que resultaba su persona; de cómo en algunos dÃas me parecÃa un necio, un completo badulaque, y otros, en cambio, me asombraba y le creÃa un hombre de grandÃsimo talento.
—Sà —murmuró Ossorio, vagamente—. Hay algo de eso; es que soy un histérico, un degenerado.
—¡Bah!