Camino de perfeccion
Camino de perfeccion A pesar de sus opiniones, que a mĂ me parecĂan excelentes, no podĂa comprender que un muchacho que andaba a todas horas con Santana, el condiscĂpulo más torpe y más negado de la clase, pudiera tener algĂşn talento. DespuĂ©s, cuando en el curso de PatologĂa general comenzamos a ir a la clĂnica, veĂa siempre a Ossorio, sin hacer caso de las explicaciones del profesor, mirando con curiosidad a los enfermos, haciendo dibujos y croquis en su álbum. Dibujaba figuras locas, estiradas unas, achaparradas las otras; tan pronto grotescas y risibles como llenas de espĂritu y de vida.
—Están muy bien —le decĂa yo contemplando las figuras de su álbum—, pero no se parecen a los originales.
—Eso ¿qué importa? —replicaba él—. Lo natural es sencillamente estúpido. El arte no debe ser nunca natural.
—El arte debe de ser la representaciĂłn de la Naturaleza, matizada al reflejarse en un temperamento —decĂa yo, que estaba entonces entusiasmado con las ideas de Zola.
—No. El arte es la misma Naturaleza. Dios murmura en la cascada y canta en el poeta. Los sentimientos refinados son tan reales como los toscos, pero aquellos son menos torpes. Por eso hay que buscar algo agudo, algo finamente torturado.