Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Una página de Poe hubiera impresionado más a Fernando que toda aquella balumba terrorífica. Pero, a pesar de esto, había en el libro, fuera del elemento intelectual, pobre y sin energía, un fondo de voluntad, de fuerza; un ansia para conseguir dícha ultraterrena y apoderarse de ella, que Ossorio se sintió impulsado a seguir las recomendaciones del santo, si no al pie de la letra, al menos en su espíritu.
«¿Habré nacido yo para místico? —se preguntaba Fernando algunas veces. Quién sabe si estas locuras que he tenido no eran un aviso de la Providencia. Debo ser un espíritu religioso. Por eso, quizá, no me he podido adaptar a la vida. Busquemos el descubrir lo que hay en el fondo del alma; debajo de las preocupaciones; debajo de los pensamientos; más allá del dominio de las ideas.»
Y a medida que iban pasando los días tenía necesidad de sentir la fe que le atravesara el corazón como con una espada de oro.
Tenía, también, la necesidad de humillarse, de desahogar su pecho llorando, de suplicar a un poder sobrenatural, a algo que pudiera oírle, aunque no fuera personalizado.