Camino de perfeccion
Camino de perfeccion —Eres cruel.
—¿No lo has sido tú más?
—Pero la suerte te ha vengado… Tú eres feliz.
—¡Feliz! —murmuró ella con una sonrisa llena de amargura.
—¿No lo eres?
—Vete, vete de una vez.
Fernando paseó la mirada por el cuarto, se fijó en la cuna y se acercó a ver al niño que allà dormÃa.
—No le toques, no le toques —gritó la mujer levantándose de su asiento.
—Tú no perdonas.
—No.
—Sin embargo, yo no tuve toda la culpa. Tú no lo creerás…
—No.
—Si quisieras oÃrme… un momento.
—Vete; no quiero oÃr nada.
—Adiós, pues —murmuró Fernando, y salió de la casa pensativo—. Odiar tanto —se decÃa al marchar hacia el pueblo—. Si fuera buena, me hubiera perdonado. ¡Qué imbécil es la vida!