Camino de perfeccion
Camino de perfeccion —A ver si sienta ya la cabeza —dijo el administrador al saber que Fernando se quedaba en el pueblo.
Ossorio quería permanecer algún tiempo en Yécora; esperaba que allí su voluntad desmayada se rebelase y buscara una vida enérgica, o concluyera de postrarse aceptando definitivamente una existencia monótona y vulgar.
Le pareció que si podía resistir y aficionarse al pueblo aquel y sentirse religioso en Yécora, a pesar de las ideas sórdidas y mezquinas de la tal ciudad, era porque su alma se encontraba en un estado de postración y decadencia absolutas.
Los días siguientes de su llegada se sucedieron con una gran monotonía. Por las tardes, Fernando paseaba con algunos condiscípulos que habían ido a su casa a renovar con él su amistad…
Aquella tarde, después del paseo, entraron Fernando y dos amigos que le acompañaban en la sacristía de una iglesia destartalada del pueblo. Se sentaron los tres en una banqueta negra que había debajo de un cuadro grande y oscuro de las Ánimas.