Camino de perfeccion

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XXXVII

—A ver si sienta ya la cabeza —dijo el administrador al saber que Fernando se quedaba en el pueblo.

Ossorio quería permanecer algún tiempo en Yécora; esperaba que allí su voluntad desmayada se rebelase y buscara una vida enérgica, o concluyera de postrarse aceptando definitivamente una existencia monótona y vulgar.

Le pareció que si podía resistir y aficionarse al pueblo aquel y sentirse religioso en Yécora, a pesar de las ideas sórdidas y mezquinas de la tal ciudad, era porque su alma se encontraba en un estado de postración y decadencia absolutas.

Los días siguientes de su llegada se sucedieron con una gran monotonía. Por las tardes, Fernando paseaba con algunos condiscípulos que habían ido a su casa a renovar con él su amistad…

Aquella tarde, después del paseo, entraron Fernando y dos amigos que le acompañaban en la sacristía de una iglesia destartalada del pueblo. Se sentaron los tres en una banqueta negra que había debajo de un cuadro grande y oscuro de las Ánimas.


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