Camino de perfeccion
Camino de perfeccion FUE, quizá, al ver la persistencia de Fernando en ir a la iglesia, por lo que la familia del administrador creyó que era el momento de catequizarle.
Un escolapio joven, profesor, que tenía fama de talentudo, comenzó a ir con más frecuencia a casa del administrador y a acompañar después en sus paseos a Fernando. Este, que estaba asistiendo al silencioso proceso de su alma, que arrojaba lentamente todas las locuras misteriosas que la habían enturbiado, no solía tener muchas ganas de hablar, ni de discutir; pero el escolapio forzaba las conversaciones para llevarlas al punto que él quería, e inmediatamente plantear una discusión metafísica. A Ossorio, a quien la discusión perturbaba la corriente interior de su pensamiento, no le agradaba discutir; y, unas veces, enmudecía; otras, murmuraba vagas objeciones en tono displicente.
Hubo ocasión en que llegaron, no a discutir, sino a incomodarse. Fue una tarde que salieron juntos; hacía un calor terrible; el aire vibraba en los oídos; no se agitaba ni una ráfaga de viento en la atmósfera encalmada, bajo el cielo asfixiante.