Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Estaban, además de estos, un militar, también pariente de Fernando, y dos chicos altos, jóvenes, vestidos de negro, hijos del marqués: uno, el menor, serio y grave; el otro, movedizo y alegre. En medio de todos ellos se hallaba el administrador del tÃo abuelo, hombre triste, de barba negra y hablar meloso, por el cual en aquel momento sentÃan todos los parientes extraordinario cariño. Después de ver que gran parte de la fortuna se llevaba la niña de la pelandusca se trataba de salvar de la ruina un almacén de aceites que habÃa puesto el tÃo para dar salida al de sus olivares andaluces, y una casa de préstamos. Pero aparecÃa que el almacén, que estaba a nombre del administrador, tenÃa deudas. ¡Pero si no se comprendÃan aquellas deudas!
El administrador dijo que se habÃa vendido mucho más aceite de lo que daban los olivares del señor y se habla recurrido a otros cosecheros.
—¿De manera que eso podrÃa ser un buen negocio? —preguntó el marqués.
—Si; llevándolo bien es un gran negocio.
—El marqués miró al administrador fijamente.
—¿Pero qué hacÃa el tÃo con ese dinero? —murmuró el hombre-pez.
El administrador sonrió discretamente y torció la cabeza con resignación.
El odio se acentuó en contra de Nini, de la grandÃsima pelandusca que arruinaba a la familia.